Ahí es donde se promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con sus cinco primeros derechos: uno es la vivienda, otro es la ropa, otro es la dignidad... y, en fin, los otros dos se me han olvidado.
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-Salía el interventor, que era una interventora (muy guapa, por cierto), «al atracador, al atracador», pues ya me tuve que meter en el primer coche que vi. Y cogió una señora y me empezó a dar puñetazos y patadas y dijo que ese coche era suyo. Ya se puso la cosa tan negra que la tuve que forzar a que se fuera.
-¿Que la amenazó usted un poquillo?
- Amenacé no, ¡oiga! Yo avisé.
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-¿Que la amenazó usted un poquillo?
- Amenacé no, ¡oiga! Yo avisé.